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Inducción miofascial

Inducción miofascial

La inducción miofascial se utiliza en el tratamiento de dolores musculares asociados a la fascia (tejido conectivo que los envuelve los músculos) limitando o impidiendo los movimientos.

Ventajas y beneficios

Disminución del dolor. El dolor muscular ocasionado por la fricción con la fascia adyacente disminuirá de forma notable a partir de las primeras sesiones.
Aumento de la movilidad. Los masajes musculares elevarán en gran medida la capacidad de movimiento permitiendo realizarlos más ágilmente sin complicaciones.
Seguro. Este tratamiento terapéutico se basa en el masaje muscular, no implica aplicación de fármacos o punción con agujas, por tanto puede ser aplicado en casi cualquier paciente.
Aumento de la nutrición del músculo. El movimiento de las estructuras miofasciales favorecerá y estimulará la irrigación sanguínea, llevando nutrientes y drenando sustancias de desecho que causan dolor.
Desactivación de “zonas gatillo” miofasciales a través de disminución de los espasmos musculares, que son persistentes y dolorosos.
Descompresión de estructuras adyacentes como por ejemplo nervios y vasos sanguíneos.

Definición

La inducción miofascial, también conocida como liberación miofascial, básicamente consiste en un conjunto de técnicas manuales destinadas a deslizar longitudinal y transversalmente al músculo dentro de la fascia que lo envuelve, para eliminar restricciones y disminuir la irritación provocada por la fricción entre estas estructuras anatómicas. La inducción sobre la fascia muscular, o miofascia (tejido conectivo que recubre la superficie externa de los órganos internos, incluyendo la de los músculos, tendones y articulaciones), comprende la aplicación de presiones constantes o sostenidas en sitios específicos, acompañados de sutiles estiramientos. Todo estos procedimientos se realizarán posteriormente a una evaluación de la función muscular que determine en dónde y qué grado es necesario para liberar ese tejido de conexión (la miofascia) para permitir gozar de libertad en el movimiento de nuevo. Estas técnicas podrán ser utilizadas tanto en la fascia superficial (la que separa la porción más profunda de la piel con el músculo) como en la fascia profunda (la que envuelve a los órganos internos y el músculo).

¿Para qué la empleamos en Instituto Ordóñez?

Este tipo de tratamiento podrá ser indicado en diversas patologías del músculo que se originen en la interacción músculo – fascia, como por ejemplo los dolores musculares del cuello (conocido como cervicalgia), la espalda alta (conocido como dorsalgia) y de la espalda baja (conocido como lumbalgia), la tendinitis presentada en el síndrome del túnel carpiano o el de Quervain en la articulación de la muñeca, en el síndrome del manguito rotador del hombro, dolores de cabeza por sobretensiones, problemas articulares temporo mandibulares, o disfunciones musculares asociadas a problemas del sistema nervioso central.

¿Por qué funciona?

Para comprender el fundamento científico que avala el éxito de esta técnica terapéutica es necesario conocer la función principal de la fascia: tapizar la superficie externa de las vísceras, protegerlas de las circundantes, mantenerlas en una correcta posición separadas del resto y permitir su movimiento en un medio relativamente lubricado, sin embargo, en ciertas enfermedades del sistema músculo esquelético estas funciones no se mantienen correctamente y se producen roce excesivos de los músculos (que están en constante contracción y relajación) con esta importante estructura provocando que los mismos se irriten y ocasionen dolor intenso, hinchazón e incapacidad ante el movimiento. Esta técnica viene a revertir eso a través de la manipulación física del músculo, relajándolo y estirándolo, disminuyendo la inflamación del músculo y también, aumentando en gran medida el flujo sanguíneo en los capilares nutricios de la fascia, drenando los agentes pro inflamatorios como la interleucinas y el FNT (factor de necrosis tumoral).

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